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Psicología antes de la emergencia: neuroseguridad

ASherrington

Nos reunimos con Alfredo Sherrington, psicólogo y candidato a Doctor en psicología. Su campo de trabajo es la seguridad, y cómo la psicología puede aportar a instalar o desarrollar en las personas comportamientos más seguros. Alfredo nos acompañó compartiendo sus experiencias en el encuentro SOCHPED 2014 en conmemoración de los 10 años de nuestra Sociedad, y hoy hablamos con él para que nos contara algo más de su trabajo. 

¿Cómo fué que comenzaste con estos temas?

Cuando comencé en la neuroeconomía me apasioné por entender el comportamiento humano. Especialmente en lo relacionado a nuestra constante toma de decisiones, en las cuales influyen factores racionales, irracionales, lógicos, emocionales, neurológicos y sociales. Las personas no elegimos por aspectos solamente racionales y lógicos, pues los unimos con las emociones y procesos irracionales. 

¿Y se puede conocer de alguna manera como tomamos esas decisiones?

Si, la neurociencia nos permite hoy visualizar y medir nuestro funcionamiento mental en conjunto con otras disciplinas. Hoy podemos conocer -por ejemplo- de mejor forma cuáles son las decisiones que tomamos en nuestro trabajo, como nos comportamos. 

¿Y cómo has aplicado esos hallazgos?
Comenzamos aplicando la neuroeconomía a la seguridad y/o prevención de riesgos en algo que llamamos: La Neuroseguridad Laboral, y que se refiere al qué y cómo hacer para que las personas puedan tomar decisiones más seguras en su nuestro trabajo. Comenzamos con una investigación que tuvo su origen gracias a un trabajador que realizó esta pregunta hace algunos años: “¿Los trabajadores seguros, no tienen ganas de sacarse el casco en el trabajo?”.

Realizamos unos estudios experimentales al inicio de la década con trabajadores que eran considerados en sus empresas como “muy seguros” y otros que eran autoreconocidos como “inseguros o peligrosos”. Los primeros respetaban todas las normas (dentro y fuera del trabajo), los segundos no respetaban muchas normas y siempre llevaban la contra al encargado de seguridad. 

¿Y a qué conclusiones llegaron?

Gracias a esa investigación pudimos evidenciar tres conceptos que deben ser considerados en todos los procesos de gestión en seguridad:

EL IMPULSO EXISTE: Existe un patrón que se presenta tanto en los trabajadores seguros, como en los peligrosos, y que hace referencia a la activación de zonas cerebrales que denotan la presencia o las ganas de realizar una conducta “peligrosa”, “fuera de norma” y/o “riesgosa”.

Es importante comprender que el problema en la seguridad no está en eliminar el deseo o impulso anormativo o riesgoso, dado que está presente en la mayoría de las personas. Por ejemplo, imagina que son las 3 de la mañana, en una calle donde no transitan autos en esos momentos, el conductor enfrenta al semáforo en rojo, no hay carabineros…¿tiene ganas y piensa en cruzar con luz roja? Si, claro que las tiene. La pregunta es, ¿por qué unos realizan la conducta y otros se mantienen a la espera de la luz verde?

EL GOCE Y EL PLACER: Las personas que eligen “pasar” con luz roja, que deciden no cumplir con la norma, aquellas que en el trabajo cometen acciones “inseguras”, presentan una tendencia a buscar placer en forma inmediata o un goce a muy corto plazo. Sus necesidades individuales están por sobre las necesidades de otras personas o trabajadores. Su cerebro reacciona en forma “placentera” mayormente al pensar en la consecuencia inmediata de su acto aun cuando sea inseguro. Las personas seguras en tanto mostraban mayor activación en las áreas de frustración al no realizar la conducta insegura, pero mayor goce al pensar en las consecuencias “a corto o mediano plazo” de su conducta correcta. Entonces, para la seguridad lo importante y crítico está en aprender a controlar el deseo.

PROGNOSIS: Entendiendo la capacidad de predecir los acontecimientos, los estudios académicos y nuestra experiencia muestran que existen varios factores de conocimiento, percepción, atención, emociones, memoria y capacidad de análisis -entre otros- que afectan nuestro “pronóstico”, vale decir la capacidad de predecir qué consecuencias tendrán sus acciones. En las personas “seguras” se activó de mayor forma la zona prefrontal del cerebro que en los sujetos “inseguros”. Las personas seguras plantearon más opciones de resultado o consecuencia de sus acciones, como también asignaron probabilidades de ocurrencia a sus alternativas en forma “racional y lógica”. Las personas inseguras, mostraban menos activación prefrontal, y su evaluación de funciones ejecutivas mostraron menos opciones, probabilidades fantaseosas e incluso preferían negar algunas alternativas más críticas en su final. Decían por ejemplo: "yaaaa… no hay que ser alaraco o exagerado…si no me va a pasar eso”. 

¿Qué recomendaciones entregarías a quienes trabajan en seguridad?

Que nuestra visión, desde la Neuroseguridad, es que las personas tomamos decisiones de nuestro comportamiento todos los días, que aumentan o disminuyen la probabilidad de cuanto viviremos y de la forma en que moriremos. Y aún más, somos responsables de la calidad de vida y/o muerte de compañeros o empleados en nuestro de trabajo.
Incorporar nuevas tecnologías para conocer la conducta humana, mejorar la selección para que sea más certera, entrenar con herramientas tecnológicas (como neurofeedback o realidad virtual), evaluar en forma transparente las capacidades de una persona, pueden ser acciones que permiten a cada trabajador ser consciente y responsable de sus decisiones. Ser o no ser seguro, he ahí el dilema. 

 

Para saber más de neuroeconomía puedes revisar algunas publicaciones de Kahneman D., Tversky o A. Smith, V.

Puedes contactar a Alfredo en www.neuroseguridad.com

Equipo SOCHPED.CL

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