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Desde La Haya: un Chileno trabajando en desastres

 Encabezado CMena

Nos contactamos con Cristóbal Mena, magíster (MSc) en riesgo, desastres y resiliencia. Actualmente, reside en La Haya luego de haber finalizado su especialización en el Instituto para la Reducción del Riesgo y Desastres de la University College of London (UCL). Actualmente se desempeña como consultor del Banco Mundial para las regiones de Europa y Asia Central, en temas relacionados con reducción del riesgo y gestión de emergencias y desastres.

 

Cristobal Mena

1. Cristóbal, ¿cómo llega un Cientista Político a interesarte por las crisis, emergencias y desastres?
Al parecer desde mi infancia. Mi padre es bombero hace 65 años, recuerdo desde niño dar vueltas en su cuartel, la 1ª Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS). Fue así como desde hace ya más de 13 años que también soy bombero, de la 14ª Compañía CBS. En esta actividad me di cuenta que se podía hacer mucho más que únicamente la respuesta a emergencias y mi carrera profesional ofrecía una base para esto. Fue así como junté mi formación en el desarrollo de políticas públicas, relaciones internacionales y administración pública, con acciones para reducir el riesgo de desastres y fortalecer las capacidades de respuesta, pues no hay que olvidar que los desastres seguirán ocurriendo.

2. Tu trabajo final de magíster trata sobre la gestión de emergencias y desastres en Chile. A este respecto, ¿cuáles son los principales hallazgos o recomendaciones a las cuales llegas?

Mi tesis fue sobre el cambio de políticas públicas de desastre en Chile post 27F. Es una investigación que contempló entrevistas a altos funcionarios públicos, políticos, representantes de la sociedad civil organizada, medios y la academia. Quizás el principal hallazgo es que en Chile ha habido un cambio sin transformación, como diría Alan Lavell. La lógica del sistema sigue en la respuesta y no en la prevención, el presupuesto de ONEMI es ínfimo y hay un fuerte sesgo sísmico en la gestión. Lo anterior creo que se debe a que generalmente las políticas públicas de desastres se diseñan para el evitar el último evento, careciendo de una mirada prospectiva que contemple todas las vulnerabilidades y amenazas que tiene el contexto chileno.

Teniendo en cuenta lo anterior, algunas de las recomendaciones que hago en mi tesis es fomentar y potenciar el desarrollo de emprendedores de política para la reducción de riesgo de desastres. Ellos son quienes pueden acoplar los problemas y las soluciones en torno a una política pública nueva cuando se abren ventanas de oportunidad como el 27F. Observé investigando, y también trabajando en Chile, como hay distintas visiones sobre qué mejorar, pero no hay un ente que las alinee.

Otra recomendación es mejorar el financiamiento de ONEMI, oficina que tiene casi el mismo presupuesto que la Biblioteca del Congreso Nacional. Finalmente, quizás las dos recomendaciones fundamentales son enfocarse no sólo en la amenaza sino también en las vulnerabilidades y, la última, es hacer más participativo, de verdad, el diseño de políticas públicas como el proyecto de ley Nueva ONEMI, que tiene a varios actores disconformes.

3. Desde hace algún tiempo que los psicólogos somos cada vez más conscientes que para trabajar adecuadamente en emergencias y desastres se requiere de un entrenamiento y experiencia en el área: no se trata de aplicar directamente las técnicas “de la consulta” a la emergencia. A este respecto, ¿cuáles serían las recomendaciones, contenidos, herramientas o habilidades que piensas debe tener todo aquel que decida trabajar en emergencias y desastres en Chile u otra parte del mundo?

Exacto; como dice Humberto Marín, “no hay que llevar el diván al terreno”. En ese sentido, el desafío mayor es profesionalizar el rubro. Para lo anterior, primero es necesario desarrollar oportunidades de formación académica más concretas y con enfoque no sólo en las amenazas sino en la gestión. Creo que se tiende a confundir las habilidades para comprender los fenómenos naturales con capacidades para gestionar desastres. No son excluyentes, por cierto, pero es necesario separar las disciplinas y fortalecerlas en torno a sus objetivos.

Creo que lo más fascinante de esta disciplina, la gestión del riesgo de desastres, es que aún está formándose e incorpora distintas áreas del conocimiento. En vista de lo anterior, la habilidad fundamental es la capacidad de adaptarse a diferentes escenarios, sumado a mucha “inteligencia emocional”, pues al final del día reducir el riesgo de desastres requiere crear redes de confianza que deriven en actividades concretas. Esto último creo que lleva a la habilidad -que a mi parecer es la que más se ha dejado de lado- de gestionar. En definitiva, un buen profesional en esta disciplina también tiene que ser un buen gestor.

Equipo SOCHPED.CL

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